Greenpeace presenta un documento sobre los impactos de los transgénicos en México

Greenpeace presenta un documento sobre los impactos de los transgénicos en México

Los transgénicos en México: 20 años de resistencia y lucha es el informe que acaba de presentar Greenpeace con el propósito de reflexionar y mejorar, a partir de la detección de la presencia ilegal de organismos genéticamente modificados (OGM), los mecanismos de bioseguridad en el país. El trabajo pone en relieve los impactos agronómico, ambiental, social y biocultural que este tipo de productos agroquímicos conllevan, sobre todo en un territorio megadiverso como el de México.

“Es un trabajo indispensable para comprender la información que tendremos en los próximos 20 años sobre las consecuencias económicas, ecológicas y evolutivas de la liberación de los cultivos genéticamente modificados”, explicó Ana Wegier, investigadora del Instituto de Biología de la UNAM, experta en diversidad genética y conservación de algodón en México. “Integra la historia y percepción social excluidas de los análisis de OGM, mostrando su importancia en la conservación de los recursos”.

En conferencia de prensa, representantes de Greenpeace y aliados de distintos sectores sociales destacaron la deuda histórica que significa la protección de los cultivos originarios de México (como el maíz, el algodón, el frijol, la calabaza, el chile, el aguacate y el amaranto, entre otros) y señalaron que con la presencia de cultivos transgénicos se violan los derechos a la salud, a un medio ambiente sano y a la alimentación, además de que se pone en riesgo la biodiversidad de México.

“El gobierno de México, en esta Cuarta Transformación, busca rescatar el campo y tiene como prioridad la autosuficiencia alimentaria de manera sustentable”, afirmó el Ing. Víctor Suárez, subsecretario de Autosuficiencia Alimentaria, en representación de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader).

El funcionario, además, expresó que “esto es con una distribución justa de beneficios e incorporando prácticas amigables con el medio ambiente. Así cuidamos nuestro entorno ecológico y nuestras semillas nativas, y también la salud de los consumidores, incluidos los propios productores del campo. Por tanto, rechazamos de forma enérgica los transgénicos”.

Los transgénicos comenzaron a aparecer en los campos rurales de México a partir de la década de 1980 pero su uso tuvo un impacto exponencial desde finales de los noventa, cuando comenzó a ser promocionado por grandes agroquímicas internacionales, como Monsanto y Bayer, que desde hace unos años se unificaron para dominar el mercado mundial y acumulan denuncias por los impactos ambientales y a la salud de sus productos.

En ese sentido, la alternativa más firme a la agricultura industrial e intensiva hoy es el modelo agroecológico. Este sistema promueve la rotación de cultivos, el nulo uso de transgénicos y sustancias fitosanitarias, y la producción de alimentos totalmente naturales. Además, a diferencia del de las grandes multinacionales o productores rurales, destacan los ambientalistas, se priorizan las huertas comunitarias y familiares, así como también el trato directo con los consumidores.

“Hace miles de años se domesticaron en Mesoamérica plantas que son base de nuestra alimentación. Parece que no valoramos esta herencia, pues no hemos generado ni las leyes ni las políticas públicas que permitan su cuidado y defensa. Este documento es una invitación a la reflexión y a la acción. Es indispensable defender nuestras semillas de la privatización, al igual que la biodiversidad de nuestras las plantas básicas, para tener control sobre nuestros alimentos ahora y en el futuro”, dijo la gastronómica y activista social Cristina Barros, defensora de la cocina tradicional mexicana, reconocida por la UNESCO como patrimonio de la humanidad. 

En esa misma línea se posicionó María Colín, campañista legal de Greenpeace México. “El acto de resistencia más importante es el que se da cada vez que las y los campesinos mexicanos guardan, preservan, intercambian y reutilizan sus semillas, manteniendo y reproduciendo la agrobiodiversidad, garantizando la soberanía alimentaria para muchas familias mexicanas, mediante la adopción de prácticas de agricultura ecológica que garantizan alimentos sanos y sustentables”, señaló.

El documento de la organización ambientalista consta de seis capítulos donde se narran diversas instancias de conflictos en relación al uso de transgénicos. Entre ellos, se relatan los primeros debates acerca de esta problemática, el proceso de construcción de un marco de bioseguridad entre 1999 y 2004, el rol de las multinacionales, las diversas luchas y resistencia (de agricultores, comunidades indígenas, grupos de la sociedad civil y redes de activistas) y reflexiones sobre las evidencias actuales de contaminación de plantaciones de maíz y algodón, así como también los riesgo sobre la salud.

Al respecto, David Greenwood-Sánchez, investigador doctoral en Ciencia Política por la Universidad de Wisconsin-Madison, remarcó la injerencia de las grandes empresas del sector. “Al examinar la historia de los transgénicos en México, se observa que el modelo de regulación fue desarrollado, en gran parte, por unas pocas empresas transnacionales. Ahora más que nunca es evidente que los mexicanos quieren un nuevo modelo, particularmente en cuanta a una alimentación saludable, la biodiversidad y los derechos de los campesinos y pueblos indígenas”, concluyó.

Fuentes: 

– Greenpeace